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domingo, 22 de julio de 2012

Fin de la Monarquía Francesa

Construyendo juntos el conocimiento de la Historia

Extracto de la monografía de José María Vives
Tercero de Secundaria

CAPÍTULO I


INICIOS DEL FIN DE LA MONARQUIA FRANCESA

Las guerras mantenidas a mediados de siglo por Francia durante el reinado de Luis XV habían resultado desastrosas para la hacienda pública. Todas las aventuras militares, aparte de pagarse con derrotas en el campo de batalla, requirieron grandes sumas de dinero.

La falta de liquidez empujo a la monarquía a hacer préstamos a intereses altísimos, sabiendo que los ingresos fiscales provenían únicamente de los sectores populares.

Luis XVI, un joven príncipe de 20 años. Alto, corpulento y de escasa inteligencia era descendiente de Luis XIV y Luis XV. Contrajo matrimonio con la austriaca María Antonieta en 1770.La reina ejerció una importante influencia en la corte gracias al escaso interés del monarca en gobernar.

La petulancia de los ancestros de Luis XVI había impedido el desarrollo del nuevo sistema de gobierno francés.

La reina calificaba de “pauvre homme“(pobre hombre) a su marido. Sin embargo el rey comprendía la gravedad de la situación del país que lo vio crecer y trataba de rodearse de ministros que entendieran en los negocios.

El rey necesitaba acabar con el déficit acumulado en los reinados anteriores, pero no podía haber balance de ingresos y gastos sin nuevos impuestos y un mejor reparto de los antiguos; lo que podría disgustar a la población.

El desigual sistema impositivo solo era uno de los obstáculos que hundían la economía francesa. La propiedad de la tierra estaba en las manos de la elite de propietarios renuentes a cualquier liberalización del suelo cultivable que favorecía el reparto entre los campesinos. Mientras, los estamentos del primer estado gozaban de sus antiguos privilegios clasistas y feudales para evitar la actividad productiva.

El comportamiento parasitario de la clase social, que resultaba una carga insoportable para la marcha de la economía, acabo con muchas críticas de parte de la burguesía, firmemente consolidada, y de la aristocracia del dinero que obtenía la mayor parte de sus rentas de comercio a larga distancia de la banca y de la creciente industria.

Cuando la monarquía se vio obligada subir sus impuestos, las protestas del Tercer estado resonaron con más fuerza de lo que hasta ese momento lo había hecho. Era preciso reconducir la política y enderezar el rumbo de la economía si el sistema no quería colapsar.

En 1774 los impuestos directos e indirectos absorbían el 70 por ciento de los ingresos del campesinado y la pequeña burguesía, mientras los estamentos privilegiados, la nobleza y el clero, disfrutaban de una prerrogativa de cero impuestos.

Los franceses se entusiasmaron con los proyectos de dos ministros de hacienda que llegaron a gozar de una inmensa popularidad. Luis XVI los favoreció hasta casi darles poder semejante al de un rey. Uno fue Anne Robert Jacques Turgot (1727 – 1781) y el otro Jacques Necker (1732 – 1804).

El nombramiento de Turgot conto con el aplauso de la opinión pública. Turgot dirigió sus esfuerzos contra el despilfarro de la corte y con el abuso existente de los arrendamientos de la tierra.

Turgot trato de salvar la economía francesa, su objetivo era que cada francés pusieran de su parte. Su función en el estado, en aquel terrible momento, con una deuda catastrófica, solo se reducía a reducir privilegios y disminuir injusticias.

Quiso simplificar el sistema fiscal, aboliendo los veinte impuestos de consumo, e impulsar dinamismo en la economía agraria.

Turgot esperaba que sin regular el comercio, habría abundancia de trigo y granos. En aquellos tiempos el pan era indispensable para el tercer estado. Para su mala suerte había malas cosechas, Turgot tuvo que dejar su puesto por las consecuencias de “la guerra de harina”.

A inicios de 1776 Turgot lanzo un verdadero “tren de reformas”: la derogación de los derechos sobre el uso de los caminos en el campo y su sustitución por un impuesto que debían satisfacer a todos los propietarios rurales.

Pero las acciones reformadoras del ministro colisionaron de inmediatamente con los intereses de los estamentos privilegiados. El partido cortesano encabezado por la reina María Antonieta, logro hábilmente que las medidas de Turgot no cuajaran.

La mala gestión de Turgot en la “guerra de la harina” fue aprovechada por sus adversarios políticos para apresurar su caída. Fracasaba así el primer intento de reforma general de la economía francesa.

El sucesor de Turgot en el ingrato sillón de controlador de finanzas llego en 1776, el banquero ginebrino Jacques Necker. Este al ser banquero valoraba la situación desde otro punto de vista, algo que Turgot nunca habría podido hacer.

Cuando tomo el poder de la economía francesa, este país se había puesto del lado de las colonias rebeldes de América del Norte, una decisión que empeoró todavía más la economía.

Necker se vio obligado a hacer público el estado de postración económica que paralizaba Francia, y como Turgot, sugirió recortar los dispendios de la corte e implantar un sistema fiscal en el que cotizaran también la nobleza y el clero. También propuso la división del país en provincias con asambleas regionales y municipales.

El caos aumentaba día a día. El país en 10 años de gobierno había gastado 1.600 millones. El propio Necker renuncio en 1781, víctima de la impopularidad de alguna de sus medidas (aplicar impuestos a los nobles).

Le sucedió Charles Alexander Calonne, en 1783. Tras darse cuenta del desastroso déficit público, fomento la imposición de contribuciones a las clases privilegiadas y la creación de asambleas provinciales que se encargaran de la repartición de impuestos.

Al principio, Calonne optó por una política de inversiones públicas para relanzar la economía, asentada en nuevos créditos y sin variar el sistema que manejaba los impuestos.

En 1783 se vio obligado a decirle al rey en una Memoria el mal estado económico del país en ese momento, que acumulaba anualmente 100 millones de libras. Calonne proponía un plan de reformas y síntesis de todo lo que habían planeado Turgot y Necker. A pesar que sus propuestas no se cumplieron, se deben mencionar dos. Una fue establecer un sistema de gobierno regional, algo ya dicho anteriormente por Necker y la otra se llamaba el “veinteavo”, consistía en que los privilegiados paguen impuestos territoriales.

1. Inicio Asamblea de notables y de los Estados generales:

Calonne le sugirió al rey en 1787 que llamara a la Asamblea de notables, una vieja institución monárquica que representaba a todos los funcionarios importantes de la aristocracia.

Los notables se reunieron el Versalles el 12 de febrero de 1787. Fueron escogidos arbitrariamente, en la Cámara Real solo había seis notables del estado llano. Los notables restantes eran príncipes, obispo, duques que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

Los notables se dividieron en siete comisiones encabezadas por nobles. Los notables se negaban a sacrificar sus privilegios. El rey hizo comprender a los notables que necesitaban llevarlos a la práctica. Entre los notables, el procurador general de Aix dijo que nada ni nadie podría negarle sus derechos solo los Estados Generales y el Parlamento elegidos por el pueblo.

La Asamblea de notables acuso a Calonne de malversación de fondos y por eso dimitió. Su sucesor, le arzobispo De Brienne, disolvió la Asamblea de notables y trató de llevar a la práctica las propuestas de Calonne, pero fracasó.

El rey llamo en 1788 a Necker nuevamente, el preferido de la población, para que ocupe el puesto. Este propuso la convocatoria de los Estados generales, que no se reunían hace 175 años. La convocatoria contó con la adhesión unánime del pueblo.

Se acabó fijando el número de 1200 diputados. Del brazo popular había 600, 300 nobles y 300 del clero. Esto en vez de aplacar a los líderes del pueblo los enfureció. Ellos habían derramado sangre por el país y no habían recibido privilegios.

Cuando en Agosto de 1788 Luis XVI anuncio la convocatoria a los Estados generales para la primavera siguiente, puso en marcha un mecanismo que provocaría una revolución en masa que no tendría vuelta atrás.

Se hicieron las elecciones y se reunieron los Estados generales en Versalles el 5 de mayo de 1789. Francia se encontraba en un debate político generado por el panfleto del abate Sieyés, donde se consignaba las potencialidades del Tercer estado.

El gobierno de Luis XVI caldeo aún más el ambiente con las dos medidas reformistas: la primera, fue la autorización para que el Tercer estado aportara 600 delegados contra los 300 de cada una de los primeros estados; y la segunda, consistió en enviar a los estados, generalmente a los menos privilegiados, un “cuaderno de quejas”, que habrían que ser entregados a sus representantes correspondientes.

Desde 1786, la industria urbana padecía una aguda crisis a causa de un tratado anglofrancés de libre comercio. Las cosechas eran deficientes y el índice de desempleo era cada vez mayor. París era una bomba a punto de estallar.

En mayo de 1789 empiezan los desórdenes en Francia. Al día siguiente de la sesión inaugural el tercer estado se declaró en franca rebeldía. Pese a la grave situación, pronto se puso en manifiesto la oposición insalvable entre los principios clasistas y los democráticos.

Los estamentos superiores insistieron en reunirse por separado para votar por estamentos como en la Edad media, mientras los representantes del Tercer estado defendían la reunión conjunta y la votación por cabeza, manifestó la igualdad de todos los diputados.
El 17 de junio, el brazo popular, rebelde y asilado, convoco su propia asamblea. Creo en la Asamblea nacional y el 20 de junio los diputados encontraron cerrada la sala de sesione y prosiguieron sus reuniones en un próximo destinado al juego de pelota y presentaron el juramento de jamás separarse hasta que Francia no lograra tener una nueva constitución. Se llamó del Juego de Pelota, porque se celebró en el trinquete de Versalles.

Aquel acto de desobediencia al soberano significo el comienzo de una la revolución. La Asamblea nacional se consideraba como la única representación legitima del pueblo francés, y pasó a ocupar la posición de os tres estamentos tradicionales.

Ocurrió entonces un fenómeno notable. Cada día más y más nobles y clérigos ilustrados salían de su grupo para meterse al grupo de los diputados del pueblo, en la Asamblea nacional. La nobleza y el pueblo llenados de ideas filosóficas, creyeron que era preferible legislar sobre una nueva constitución. El rey no tuvo más remedio que ceder, el 27 de junio el rey autorizo la unión de los tres estados y reconoció la Asamblea nacional.

El 7 de julio la nueva asamblea tomo una decisión capital: se proclamó “Asamblea nacional constituyente”. Con esta decisión los constituyentes despojaban al rey de su soberanía y colocaban a la Asamblea por encima del monarca ara dictar una nueva constitución. Esta decisión supuso la abolición del régimen absolutista y el triunfo de la revolución de los diputados.

2. Fin del Antiguo régimen:

La revolución de los diputados tuvo un eco inmenso en Paris. En el verano de 1789, la capital de Francia se convirtió en un lugar lleno de aventureros, prófugos políticos y demagogos de todo tipo. Los clubes de ciudadanos hacían las veces de ágoras políticas, con debates en los que tomaba parte muy activa las mujeres.

Luis XVI, temeroso de la presión del pueblo, convoco a tropas leales a las afueras de la capital, listas para entrar en ataque, ignorando las recomendaciones de la Asamblea. Las tropas que el rey había colocado a las afueras de París enardecieron al pueblo, lo que resulto en graves disturbios. .

El 14 de julio de 1789 las turbas parisinas saquearon el hospital los Inválidos donde se armaron con armas y cañones. Las masas tomaron la prisión-fortaleza de Bastilla, símbolo de Antiguo régimen. El 15 de julio Luis XVI llamo de nuevo a Necker, retiro sus tropas de París y dio su aprobación al nuevo ayuntamiento de la ciudad, cuyo alcalde, Jean Sylvain Bailly, paso a controlar la fuerza armada de 50.000 hombres.

Los acontecimientos de la capital tuvieron una proyección extraordinaria en los medios rurales. Las noticias provenientes de Paris calaron en el ánimo de un campesinado desesperado y hambriento. Circulaban rumores acerca de un complot de la nobleza, algunos decían que las bandas de ladrones que atacaban al pueblo eran organizaciones formadas por nobles y que estaban llenando sus almacenes de granos para condenar al pueblo.

Los rumores crearon miedo, y este desemboco en violencia. Los campesinos empuñaron armas contra los nobles y privilegiados. El gran miedo se extendió por toda Francia. Para poner orden, la Asamblea nacional creo la Guardia nacional, milicia urbana de carácter burgués, al mando del general La Fayette, quien años atrás había peleado para la independencia de Estados unidos.

Bajo la presión campesina, del 4 al 11 de agosto de 1789 la Asamblea tomo decisiones trascendentales, con la aprobación de una serie de decretos que abolían los privilegios feudales.

Días más tardes la constitución proclamo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, para su elaboración se tomó como sistema de referencias el derecho natural individualista de la Ilustración, que concedía al hombre una serie de derechos innatos e inalienables.

La Asamblea no podía actuar sin la aprobación del rey. El rey veto las decisiones de la Asamblea, la persistencia de la falta de pan, el desempleo, así como la agitación popular había puesto a la corte contra el pueblo. El 5 de octubre de 1789 una turba furiosa se dirigió hacia Versalles, pidiendo que la familia real abandonara Versalles y se ubicara en el palacio de las Tullerías en París. El monarca reconoció el poder de la Asamblea y acepto el nuevo mecanismo legislativo.

Durante el otoño de 1789, la Asamblea adopto una serie de decisiones que liquidaron al Antiguo régimen y culminaron con una nueva constitución. La Asamblea desarticulo el sistema administrativo del absolutismo. Las provincias francesas fueron sustituidas por 83 departamentos, que administraban directamente sus asuntos.

3. Triunfo de la revolución:

En 1790 se adoptó el sistema de cámara única y el derecho electoral del censo. Las mujeres, los ciudadanos pasivos y los menores de 25 años quedaban excluidos de la ciudadanía y no podían elegir a ninguno de los 745 diputados que formaban el nuevo campo legislativo.

Las nuevas disposiciones legales acentuaron la separación entre la monarquía y la Asamblea. En junio de 1791, Luis XVI y su familia, disfrazados de burgueses y escaparon de Tullerías. Temían que se uniera a la aristocracia exiliada en los países vecinos. Pero el plan de fuga de Luis XVI falló. El y su familia fueron detenidos la noche del 21 de junio en Varennes y devueltos a Paris.

Durante la elaboración de la nueva constitución, los parlamentarios se organizaron por afinidad política. Los girondinos representaban a la burguesía media ilustrada; los montañeses, que ocupaban los puestos más altos de la cámara, tenían tendencias más radicales; pero la mayoría de diputados fueron nobles y monárquicos reformistas.

El 3 de septiembre de 1791 entro en vigor la constitución que hacía a Francia una monarquía constitucional e introducía la división de poderes propuesta por Montesquieu.

El poder legislativo quedaba a manos del Parlamento, que era elegido cada dos años por el pueblo. El rey podía anular o vetar las decisiones de la Asamblea legislativa, pero el título de “rey de Francia” cambio por el de “rey de los franceses por la gracia de Dios en virtud de la constitución del estado”.

La constitución aprobada por la Asamblea duro solo un año y puede decirse que casi nunca fue aplicada. Pero quedo como modelo para la sociedad futura. El rey juro la constitución con toda su familia, rodeado del pueblo y la Guardia Nacional, en una gran fiesta civil celebrada en el campo de marte. Pocos días después se disolvió la Asamblea constituyente y se formó la Asamblea nacional legislativa.

Dalton y Robespierre no habían podido ser elegidos miembros de la Asamblea legislativa por el artículo de incompatibilidad; pero habían encontrado refugio y ocupación como miembros del consejo municipal de Paris o la Comuna. La presencia de los dos genios más revolucionarios de Francia en un consejo administrativo, transformo a la Comuna en un foco de revolución irresistible. La Comuna tenía recursos y podía conspirar para hacer realidad sus objetivos.

La nueva Asamblea legislativa, estaba compuesta por diputados de poca experiencia política dado que la Asamblea constituyente había impedido que se lanzaran a reelección. Desde el principio la cámara legislativa mostro una política contrarrevolucionaria.

El 27 de agosto de 1791 el emperador Leopoldo II de Austria y el rey de Prusia habían firmado la declaración de Pilnitz, en la que amenazaban con una intervención armada contra Francia revolucionaria

Los girondinos, ante la posible invasión, promovieron una campaña de incitación a la guerra contra “los enemigos de Francia”. A esto se les interponía los jacobinos mandados por Robespierre, que creían que la guerra solo favorecía al monarca.

El 20 de abril de 1792 la Asamblea legislativa declaro la guerra a Austria, con la esperanza que el peligro exterior apaciguara las tensiones internas y que la revolución se propagara al resto de las monarquías absolutas europeas.

Los ejércitos aliados de Austria y Prusia se dirigieron hacia Francia. Su general en jefe, el prusiano Brunswick, amenazo en un manifiesto llevar a cabo terribles represalias en el caso de que la pareja real fuera dura con el pueblo.

Esta toma de partido de Luis XVI causo en Paris una profunda irritación. En las calles de la capital había un potente movimiento político que reivindicaban medidas de urgencia: el precio fijo contra el aumento de los precios, y el arresto de los contrarrevolucionarios y sacerdotes refractarios. Eran los “sans-culottes”.

El 10 de agosto de 1792 una turba asalto las Tullerías, residencia del monarca desde su fallida huida en 1791, y encerró a la familia real en el Temple, la cárcel de la revolución para los reos del estado.

4. Símbolos revolucionarios:

a) Distintivos de la revolución:

Los revolucionarios, unidos contra el Antiguo régimen con los ideales de “Libertad, igualdad y fraternidad”, se distinguieron usando objetos simbólicos como el gorro frigio, homenajeaba a la revuelta de Espartaco contra Roma; la bandera tricolor, el rojo y azul de Paris se sumaron al blanco de la realeza; y las escarapelas, solían ser tricolores y se cosían a las prendas o gorros.

b) Música y patria:

El actual himno francés, la Marsellesa, fue compuesto en 1792 por Rouget de Lisle. Cantado por el batallón marsellés, fue adoptado como himno revolucionario.

c) Un símbolo de poder, el Terror:

Otra imagen asociada con la Revolución fue la del Terror, practicando indiscriminadamente por las autoridades para perpetuar el régimen revolucionario. En 1794 toda garantía procesal fue anulada.

La guillotina fue perfeccionada por el doctor Joseph-Ignace Guillotin como máquina de degollación indolora.se utilizo por primera vez el 25 de abril de 1792. Durante tan solo 47 días durante el periodo llamado el Terror (10 de junio al 7 de julio de 1794) 1376 parisinos fueron guillotinados. Fue en el año 1981 en que la guillotina y la pena capital quedaron definitivamente abolidas.
d) El calendario revolucionario:

El calendario revolucionario fue adoptado por la convención en 1792 y fue abolido por Napoleón en 1806. El año pasó a tener 12 meses de solo 30 días y 5 adicionales, y se eliminaron las fiestas religiosas.

Los meses tomaron nombres de la agricultura o fenómenos naturales: vendimiario (septiembre, inicio del año), brumario, frimario, nevoso, lluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor, termidor y fructidor
e) El odio a los pilares del Antiguo régimen:

El pueblo llano identifico a la monarquía, la nobleza y el clero, pilares del Antiguo régimen, como causantes de las miserias e injusticias sociales. Por su parte, la demolición de la Bastilla, símbolo de los excesos y la represión del Estado, fue saludada con gran júbilo popular.

f) El furor antimonárquico:

Luis XVI intento en vano frenar la revolución con el apoyo de las monarquías europeas. Odiado por sus súbditos, fue ejecutado el 21 de enero de 1793. La monarquía aumento el odio popular al aumentar los impuestos y acentuar la miseria de las masas. Los precios y salarios sufrieron bajas y alzas inaceptables, ante el desgaste económico de Francia por las guerras.

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